Lunes, 05 de Octubre de 2026
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Verde o Blanco


PRIMERA LECTURA

No he recibido ni aprendido de ningún hombre el Evangelio, sino por revelación de JesucristoLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas: Gál 1, 6-12

HERMANOS:

Me maravilla que hayan abandonado tan pronto al

que los llamó por la gracia de Cristo, y se hayan pasado a

otro evangelio. No es que haya otro evangelio; lo que pasa

es que algunos los están turbando y quieren deformar el

Evangelio de Cristo. Pues bien, aunque nosotros mismos o

un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del

que les hemos predicado, ¡sea anatema! Lo he dicho y lo repito:

Si alguien les anuncia un evangelio diferente del que

recibieron, ¡sea anatema! Cuando digo esto, ¿busco la aprobación

de los hombres, o la de Dios?, ¿o trato de agradar a

los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres,

no sería siervo de Cristo.

Les hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí

no es de origen humano; pues yo no lo he recibido ni aprendido

de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL

Sal 110, 1b-2. 7-8. 9 y 10c (R.: cf. 5b)R/. El Señor recuerda siempre su alianza.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza.
Su nombre es sagrado y temible.
La alabanza del Señor dura por siempre. R.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

R/. Aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo —dice el Señor—:
que se amen unos a otros, como yo los he amado. R.

R/. Aleluya, aleluya.


EVANGELIO

¿Quién es mi prójimo?Lectura del santo Evangelio según san Lucas: Lc 10, 25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?».

Él le dijo:

«¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?».

Él respondió:

«“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”».

Él le dijo:

«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».

Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:

«¿Y quién es mi prójimo?».

Respondió Jesús diciendo:

«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo:

“Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”.

¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».

Él dijo:

«El que practicó la misericordia con él».

Jesús le dijo:

«Anda y haz tú lo mismo».

Palabra del Señor.